Aún hoy, a pesar de la urbanización vertiginosa y voraz de la Costa del Sol Occidental en el último medio siglo, es posible encontrar lugares, cada vez menos y más escondidos, donde se respira el aire tranquilo de lo rural, de ese mundo irremediablemente perdido de paisajes hechos a la medida del hombre.

Uno de esos lugares es Cortes, la milenaria alquería morisca, a medio camino entre las ciudades musulmanas de Marbella y Estepona, y también a medio camino entre el mar y la fortaleza de Montemayor.

En la actualidad es epicentro de distintas urbanizaciones, distribuidas entre los términos municipales de Benahavís y Estepona, pero conserva huellas de su pertenencia a la colonia agrícola de San Pedro Alcántara, desde que fue adquirida en 1859 por el marqués del Duero al gran propietario de las fértiles tierras que se encontraban entre los ríos Guadalmina y Guadalmansa: el conde de Luque (heredero de los todopoderosos señores de Benahavís).

De todo eso habla, y casi canta, al pregonar José Antonio Moreno Durán la primera Verbena de Cortes. Gran conocedor de la historia de estas tierras y autor de la novela Historia casual de San Pedro, vecino enamorado de esa segunda trinchera, serena y humana, del traspaís costasoleño, que es el antiguo Cortijo de Cortes.

Texto del pregón