San Pedro, Vaticano, Vergara 

Escultura de San Pedro de Alcántara. Se encuentra en el interior de la basílica de San Pedro del Vaticano. Es obra del artista valenciano Francisco Vergara, en la cual trabajó desde 1750 a 1753.

Los temas iconográficos que representan a San Pedro Alcántara son de varios tipos. El más conocido es el de santo escritor, tal como aparece en la imagen que se procesiona en nuestra localidad todos los 19 de octubre. Lleva en la mano una pluma y en la otra un libro, no en vano fue autor del Tratado de Oración y Meditación, mientras que tiene posada en un hombro una paloma que representa la inspiración del Espíritu Santo.

Otro tipo iconográfico es el de la efigie del alcantarino junto a la cruz. En una versión el santo está en éxtasis mientras que en otras aparece abrazado a ella. Este último caso es el que eligió Vergara para su escultura de la basílica romana.

A lo largo del siglo XVIII la institución encargada de la obra interior de la basílica de San Pedro decidió embellecer los nichos interiores del templo con estatuas de calidad, tanto por  su autor como por el material de las mismas, que sería mármol blanco de Carrara. El autor tenía que hacer previamente una réplica en yeso del mismo tamaño del original y colocarlo en la hornacina para estudiar el efecto que producía.

Los modelos elegidos corresponderían a fundadores de órdenes religiosas. Así en 1706 se inició la serie con Santo Domingo de Guzmán, siguiendo otros que representaban a San Bruno, San Juan de Dios o Santa Teresa de Jesús, este último en 1754.

En 1750 se adjudicó al español Francisco Vergara Bartual, residente en Roma, la figura de San Pedro de Alcántara, eligiendo el autor el tipo iconográfico del santo arrebatado por su devoción a la cruz de Cristo, que fue finalmente inaugurada en su hornacina el 27 de junio de 1753.

Salvador Andrés Ordax nos ha dejado la siguiente descripción de ella:

“El santo aparece, según corresponde a la estatuaria de los nichos, en pie, en actitud de ensimismarse ante un cruz, a la que abraza con su diestra mientras extiende asombrado el brazo izquierdo. El tipo corresponde a la iconografía consolidada, con hábito de alcantarino, remendado, manto corto sujeto con trabilla, rosario colgado en la cintura ceñida por el cordón franciscano, cuyo extremo cuelga  a su derecha. Está descalzo, la figura es esbelta, sin barba, muy enjuto, manos huesudas, cabeza característica de amplia calva, con delgadez que hace resaltar su nariz, cejas, barbilla y pómulos, y los ojos y la boca rehundidos. La cruz, alta, es sencilla, formada con dos troncos sin desbastar.

A un lado del pie, entre la base de la imagen y la del pedestal, está un ángel mancebo, de amplias alas, cuya actitud animada contrasta con el ensimismamiento del santo. Su mano izquierda está vuelta hacia atrás para tocar y sujetar la cruz, al tiempo que la derecha señala el lado contrario del pedestal donde están las ‘arma’ del santo, los instrumentos de su penitencia, unas disciplinas, la calavera y el libro. Mira hacia el espectador que en el centro de la nave puede contemplarle, introduciéndole en el tema representado, los merecimientos penitenciales del asceta.”